En el instituto en clase de literatura tuvimos que leer a Shakespeare su obra Romeo y Julieta para subir la nota, la profesora nos hizo representar la obra, aun chico el cual he olvidado su nombre le toco Romeo y a mi cosas del destino Julieta, las demás chicas de la clase estaban celosas pero yo tenía otra opinión, le dije a la profesora que Julieta era idiota, una tonta de remate, que se enamora del único que no puede tener a su lado y después culpa al destino de su propia decisión, mi profesora me dijo que cuando el destino se cruza en tu camino, a veces no tienes alternativa, a los 15 años ya tenía muy claro que el amor como la vida es fruto de las decisiones y no del destino. El destino no tiene nada que ver. A todos les parece tan romántico Romeo y Julieta, el amor verdadero, que pena, si fue tan tonta como para enamorarse del enemigo, tomar veneno e irse a dormir a una cripta, se merecía lo que le paso. Quizá Romeo y Julieta estuvieran destinados a unirse, aunque solo durante un tiempo, luego pasó su momento, si lo hubieran sabido tal vez todo hubiera ido bien, me contesto mi profesora y yo le respondí que cuando fuera mayor tomaría las riendas de mi destino que no dejaría a ningún hombre arrástrame al abismo, ella me respondió que si alguna vez sentía la pasión podía considerarme afortunada y que si la hallaba no nos separaríamos nunca. Yo sigo creyendo que el amor es una cuestión de decisiones, sino mirarme ahora. Ay que dejar a un lado el veneno y la daga y buscar tu propio final feliz, casi siempre se puede. Pero a veces a pesar de decidir lo mejor que puedes y de tus intenciones, el destino termina por ganar.
