Lo más curioso de estos días que leo a otra gente desde su blog, fotolog o lo que sea, es que todos tenemos un mal común, el desamor. Parece que solo hay dos periodos el amor y el temido desamor. Todos nos sentimos perdidos en ese periodo de nuestra vida. Vamos probando parches, el odio, la desesperación, el sexo con otras personas, hacemos todo lo que sea posible para llenar ese espacio vacío, el hueco que nos dejo esa persona, para no sentirnos tan solos, tan mal, tan culpables. Buscamos desesperados una salida, intentando huir de un laberinto de emociones cíclicas por eso la gente tiene cicatrices de toda clase en sitios recónditos, son como mapas secretos de sus historias personales. Diagramas de todas sus viejas heridas. La mayoría de nuestras viejas heridas se curan, dejándonos solamente una cicatriz. Pero algunas no se llegan a curar nunca. Algunas heridas pueden ir con nosotros a todas partes, y el dolor aún perdura y nos es casi imposible deshacernos de esa sensación de pérdida.
Quizá nuestras viejas heridas nos enseñen algo. Nos recuerdan dónde hemos estado, y qué hemos superado. Nos enseñan lecciones para evitar en el futuro. Eso es lo que nos gusta pensar. Pero así no es como es, ¿verdad? Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra, y otra vez y el amor es una de ellas, donde siempre nos equivocamos.
