Dialogo de dos amante:
a-¿Me querrás hasta el final de mi vida?
b- No, te querré hasta el final de la mía.
Está sería la frase que todo aquel que está enamorado desearía oir un día de los labios de su amado.
Por muchas noches en blanco que una, es decir yo misma, dedico a pensar en mí, en mi biografía sentimental, la verdad es que he encontrado pocas soluciones a tantas cuestiones. Podré poner tiritas a tal o cual relación, a muchas o a ninguna, dependiendo de lo importante que hayan sido para mí, pero al final volverá a pasar lo de siempre, que en un momento dado, saltarán en pedazos, como tantas otras veces.
Porque yo soy como soy, y no es fácil ser yo y dejar de serlo para querer a alguien, quien sea, es casi un combate perdido de antemano. No tengo tanto poder sobre mí misma. Y tampoco me infravaloro tanto, si me quieres me tendrás que aceptar tal y como soy. No cambiaré por ti.
Así que lo mejor que me podría pasar es que mis futuras relaciones sentimentales vinieran con fecha de caducidad, como los envases de la leche, así, sabría de antemano cual es la fecha del final, y no perderíamos los dos, el tiempo en inseguridades, sospechas, ni discusiones y banalidades.
Nos dedicaríamos a disfrutar cada momento hasta la última décima de segundo. Sería como un carpe diem, no lloraríamos, no nos enfadaríamos, no nos odiaríamos, no nos extrañaríamos.
Aunque… si lo pienso bien, lo bueno de no tener fecha de caducidad, es que me permite seguir soñando con que está vez sí, ese envase de leche, pueda conservarse para siempre…
Nos corresponde a nosotros decidir que hacer con las cosas que nos llegan. Todo lo que tuvimos, ya se ha ido. La respuesta está en nuestro corazón, dentro de nosotros, en nuestro reflejo... Hay millones de puertas para elegir en el infinito pasillo de la vida.
