Todos mis sentimientos giran, giran y giran, como si estuviesen bailando un vals.
He escrito y he borrado más de cien folios, he escrito cartas de amor, de deseo, de odio, de celos, de furia, de templanza… pero ninguna me ha gustado porque no quieren decir lo que realmente siento. Cada momento es único e irrepetible. Lo que escribo hoy no lo pienso mañana. Todo está en movimiento y es inconstante. Lo único que sigue esperando es mi corazón.
Es difícil vivir y más difícil es escribir.
Me acostumbro a estar sin ti pero deseo que llegue el martes como agua de mayo. Comienzo a contar los minutos, las horas, los silencios, los tiempos muertos. Los martes desde hoy, los nombro los días H&V de la semana. Es el último resquicio que me queda y me agarro a ello como un naufrago a un tablón de madera. No sé si es bueno o malo. Lo que sí sé es que cada martes respiro, veo una luz, vuelvo a soñar. Y es un estado que me transporta al cielo y me baja a los infiernos.
Si yo pudiese H dejaría de girar y girar y girar
