martes, 18 de octubre de 2011

Perturbaciones


Tenemos miedos. Todos tenemos miedos, aunque lo bueno de esta vida es que casi nadie nos pregunta cuáles son los nuestros. Los miedos nos acompañan desde que nacemos, algunos son trasmitidos de generación en generación y otros simplemente nos los atribuimos nosotros mismos.
Los demás los intuyen, los huelen, saben que nos puede dar miedo pero no nos preguntan si sentimos miedo. A veces puedes encontrarte con ellos un día en un aeropuerto, en medio de una calle oscura, al subir a un autobús en una ciudad desconocida, en un ascensor parado, caminando sola por un bosque a oscuras, en un cementerio o sencillamente al volver hacer el amor con la persona que amaste una vez… Y de repente, me doy cuenta de que somos miedosos al volar, a la oscuridad, a que nos roben, al dolor, a una muerte inesperada, a la soledad o a amar y entregar en el sexo parte de nosotros.
Tenemos tantos miedos que si les haríamos caso, no podríamos vivir. En algunas situaciones hay que ser fuertes y decirnos a nosotros mismos que no hay nada malo en la oscuridad, ni en un avión y mucho menos en amar, pero es tan difícil cuando ya tenemos cicatrices
Os cuento un secreto: a veces, si me duermo rápido sin darme cuenta de que caigo en el sueño, me despierto de repente, con miedo, con un miedo atroz; es como si mi organismo durmiera pero mi cerebro no lo hiciera. De repente se despiertan ambos de golpe y mis miedos más primarios hacen que me sienta como una niña pequeña y desvalida. Y es entonces cuando abrazo a quien tengo al lado (ahora ya no hay nadie a mi lado) y le daría todo mi amor a cambio de que me cuidara.
Esta visto que no me gusta la oscuridad y menos dormir sola.