martes, 23 de agosto de 2011

aquí te espero


Tú y yo nos conocimos porque estábamos hechos para querernos una eternidad. Porque tu brazo encajaba perfectamente en mi hombro. Porque nuestros pasos quedaban muy bien en el invierno de Madrid. Y lo más normal era que un día te encontrara y me obsesionara por ti. Por eso, nunca me faltaron sueños. Ni ilusión. Alguna vez pensé en rendirme. Pero cuando llegaba uno de esos días, me hablabas de nosotros y de nuestros besos. Y entonces volvía porque creía en ti. Sabía que tú y yo estábamos hechos para rozarnos, para amarnos. Y aunque me cueste convencerte. Y aunque besemos otras bocas, mientras te decides por un presente sin mí. Seguirán pasando los días con ganas de verte por alguna calle, de darte dos besos, y preguntarte qué tal te va.



Y mientras me alejo me preguntaré si piensas tanto en mí, como yo pienso en ti...