A veces y solo a veces hay que dejar que pase el tiempo. Que todo vuelva a su lugar, que cada cosa ocupe el lugar que le corresponde. Vivo tan deprisa, pienso tan poco, que no me doy cuenta de mis fallos y de mis virtudes, no veo lo que me viene, lo que tengo y lo que se me va.
El tiempo transcurre demasiado deprisa, no me deja digerir los acontecimientos, me lleva de un punto a otro sin poder reflexionar, porque cuando me meto a la cama estoy tan cansada que es imposible pensar en día… me quedo dormida sin darme cuenta y me despierto como si no hubiese estado durmiendo, simplemente es como un abrir y cerrar de ojos.
La sensación de pérdida, de alegría, de tristeza, de soledad, de felicidad, de amor, de… ya no las disfruto. Solo transcurren sin pena ni gloria por mi vida. Me siento como un autómata que hace, que debe, que tiene y sueño con el momento que no tenga, que no deba y que no hago pero cuando llega el momento… no lo percibo y así me va.
Pienso en todos los años que llevo a mis espaldas y si me pides que te diga cuál fue el mejor, no sabría responderte, porque al igual que voy viviendo, voy olvidando. Unos recuerdos tapan otros, unas lagrimas son olvidadas con otras sonrisas, un atardecer olvida un frio amanecer, un helado olvida un concierto…
Es difícil explicarme, es difícil parar el tiempo, es difícil ser yo.