jueves, 1 de julio de 2010

sentidos

Poco a poco todos mis sentidos se van perdiendo, cada año que cumplo voy perdiendo capacidades progresivamente. Es  algo inevitable y que ya soy consciente de ello y lo asumo con la máxima naturalidad.

El primero de todos fue la vista. Yo estaba en 6ºEGB, por aquel entonces yo siempre me sentaba al final del la clase, no me gusto nunca el protagonismo y cuanto mas escondida estuviese, de las miradas de mis profesores de matemáticas e historia mejor, comencé a ver mal la pizarra, pero no me pareció importante.
Cuando llegaba a casa, por la tarde, corría con mi bocadillo de nocilla y me sentaba frente al televisor, solo a unos pocos centímetros de la pantalla. Mi abuela siempre me decía "alejate de ahí, que te vas a quedar ciega" pero para mi eran tonterías, yo veía bien. Comenzaron los dolores de cabeza, la borrosidad absoluta, la distorsión de las figuras y decidieron llevarme al oculista. El oculista desde entonces no lo he abandonado nunca, cada año le visito y cada año me saca nuevas diotrias, mas miopía, hipermetropía y astigmatismo. Recuerdo que durante una época, tuve que llevar un parche en el ojo izquierdo porque mi ojo derecho era vago... que cosas! a mi no me importo mucho.  pero el peor momento fue la época de mis primeras gafas, fueron tan feas que me daba mucha vergüenza llevarlas y siempre me las escondía en el bolsillo del abrigo, en la mochila, las olvidaba, las intentaba perder pero no hay había manera. Hoy las guardo en un pequeño cajón que tengo con cosas importantes en mi vida.
El segundo sentido que perdí fue el gusto, con 14 años comencé a fumar a escondidas. Después del colegio nos reuníamos los cinco amigos y nos íbamos a un parque cercano, allí cada uno traía todos los cigarrillos que había robado el día anterior a sus padres o hermanos mayores.
Mi primer cigarrillo fue un ducados, tabaco negro puro y duro. Recuerdo que fue tan horrible la experiencia que me maree y comience a toser con tanta fuerza que mis amigos, que ya eran mas experimentados que yo, se hecharon a reír. Desde entonces se convirtió en todo un ritual para nosotros. Todas las tardes haría frió o calor nos juntábamos en ese pequeño parque, nos reíamos, fumábamos, nos sentíamos mayores. Desde entonces no he dejado de fumar. He fumado todo lo que he querido y mas. No me arrepiento de fumar y nunca me he planteado dejarlo porque me gusta el olor del tabaco, supuestamente mi cuerpo necesita diariamente una pequeña dosis de nicotina para sentirse pleno, tranquilo, relajado y por ultimo, porque vivimos en una democracia, la cual puede hacer lo que quiera y puede elegir lo que le gusta o no. Con los pasos de los años, mi capacidad gustativa a disminuido progresivamente. Yo ya no saboreo igual que una persona que no ha fumado nunca, he perdido sabores, delirios de paladar... aun así no me molesta del todo. La comida me sabe siempre neutral, ni buena, ni mala, solo rica.
El tercer sentido que poco a poco fui perdiendo fue el olfato. Cuando yo era pequeña era una niña sana, las típicas enfermedades comunes pero nada fuera de lo corriente. A los veinte años comencé con una alegría, de la noche a la mañana, la cual, solo afecta a mis fosas nasales, si es verano es por el polen y si es invierno es por la producción masiva de mocos. Así que me es bastante difícil percibir un olor. Es una tragedia cuando vas a una perfumeria y no saber que colonia llevarte porque no las hueles a ninguna y las que puedes oler, es porque tienen un olor penetrante, fuerte, pegajoso, mareante... así que decido llevarme la de siempre, la de toda la vida, la que llevo años usando porque todavía recuerdo su olor y sé que me gusta o me gustaba. Lo peor de haber perdido olfato es que este sentido me traía muchos recuerdos a la mente, por aromas conocidos.
El cuarto sentido que he ido perdiendo, pero este no es culpa mía, sino de la tecnología, de la sociedad, es el oído. La audición, fue cuando me entro la edad del pavo. Una forma de revelarme era llegar a casa y poner todo, la tele, la minicadema a todo volumen. Claro como no estaba sola a mis padres eso les enfermaba y me regalaron un "minicasete". Recuerdo que en aquella época compre mas pilas que nunca en mi vida, Siempre con mi música a todo volumen. Luego llegaron los cds, los mp3, los mp4, los itunes... con volúmenes máximos. Épocas de discotecas junto a los bafles, sesiones enteras donde al terminar me seguía retumbando todo el cuerpo entero... y así sigo hoy, un poco mas relajada con el volumen pero siempre lo mas alto posible.
Y por último el tacto, desde que soy pequeña he tocado todo, cuando me caía con la bici mis manos hacían de frenos, cuando cocinaba y me cortaba mis dedos sangraban, cuando hacia frío mis manos me protegían. Mis manos llevan tantos años cuidándome, protegiéndome, tocando, acariciando, rompiendo, secándose, sudando... creo que este es el sentido que menos he perdido