sábado, 2 de junio de 2012

penas


Es curioso, ayer cuando volvía a casa cansada y triste por la gran vía empecé a  ver a un vagabundo, a otro, solos durmiendo en cajas, en marquesinas de autobús, a oscuras, sentados en las aceras con la mirada perdida en la nada y sin nadie que les  pregunte como les fue el día, ni tan siquiera tener una pequeña almohada. No tienen absolutamente nada. Seguía caminado y empecé a oír unos gritos amargos que venían desde lejos. Se oía “basta, por favor” “callaaa”  “cállate” “valeeeee” “basta” era un chico mendigo anda por los alrededores de mi casa, caminaba deprisa como intentando alejarse de alguien pero no había nadie, iba solo a su alrededor. Seguía suplicando cada vez mas fuerte que parase y no decía nada más.
La gente, los turistas que iban encontraban con él por el camino se apartaban con miedo, con respeto hacia un chiflado que vive en la calle y después se volvían a mirar que hacía con todo el morbo de ya no sentir peligro y ver espectáculo dantesco. El chico seguía caminando, yo iba a su mismo ritmo pero todo el trayecto iba detrás de él. Nadie en aquel momento vio que lo que el chico quería no era crear miedo, ni hacer daño, quería callar a esa persona que le decía lo que le diría. Al cruzar por una calle, donde en la esquina se encuentra un bar de rancio a bolengo por el tipo de dueño y la limpieza del local nunca entraria allí pero eso es una cosa a parte, el dueño, un hombre mayor le digo con voz autoritaria y firme “no grites mas chaval” él mendigo no le digo nada seguido su camino, en silencio avanzo unos 100 metros, yo seguía detrás y ya a punto estaba de llegar a mi portal cuando le empiezo a escuchar que dice “ves te lo he dicho, ahora creen que estoy loco porque ellos no te ven y me riñen a mi” “cállate por favor” es increíble ¿no? Yo me pare en la puerta de mi portal viendo como se iba diciendo lo mismo” “callaaa”  “cállate” “valeeeee” “basta” Este chico no sé su nombre, no sé por qué duerme en la calle, no sé dónde está su familia, no sé nada de él. Sólo sé que luchaba contra algo que le hacía daño y que no había nada para tranquilizarlo, ni cuidarlo. La verdad es que cuando vives en una gran ciudad llega un momento que te pones un chaleco tranparente donde te resbala todo el dolor y no ves  más que lo que quieres ver, bajamos la mirada y seguimos hacia adelante.
Buenas noches y ojala que alguien les cuide bien.