Curioso, ayer finalizo el año. Hablo del año cristiano. Es difícil de entender pero ya lo contare en otro momento. Era momento
de hacer balance y reflexión sobre cómo ha sido en año… comprobar si el corazón
se ha endurecido, se ha rebelado o simplemente sigue en un estado de profunda
tristeza. Mi balanza es un poco ambiguo. He pasado un año rompiendo con el amor de mi vida, cayendo en una profunda depresión, llorando sin control, buscando unos amigos donde apoyar mi cabeza cansada. estudiando a medias, oyendo gritos y reproches, viendo cosas horribles y mucha soledad. Lo bueno es que ahora por fin cambie de ciudad, encontré trabajo y cada día me esfuerzo por ser feliz, sonreír y hacer las cosas bien.
Ahora vivo en una ciudad mediterránea, llena de gente de
todos mundos, de otras lenguas y culturas, siempre vuelvo a casa caminando y no
puedo evitar fijarme en la soledad y la miseria que albergan sus calles, jóvenes,
gente mayor sentados en las aceras piden limosna para comer, para dormir una
noche baja un techo seguro.
Todavía tengo el corazón demasiado blando todavía, me duele ver como
hay tanta miseria junto a grandes empresas de consumismo. Veo las dos caras de
una misma moneda, los ricos y los pobres. A ellos, parece que nadie les ve, son
invisibles para la vista del que camina por su lado.
No puedo evitar pensar que será de ellos, cuando cae la noche,
dónde se refugian, dónde comen, con quién hablan… creo que la vida es demasiado
injusta, pero ¿cómo cambiarlo?
Supongo que todos nosotros tenemos nuestro destino, la vida
nos tiene preparados momentos felices, momentos amargos, duras pruebas y
superaciones varias pero ¿realmente es necesaria pasar por donde pasamos, para aprender
algo en esta vida? ¿necesitamos pasar esa experiencia?
Mi respuesta es, no lo sé. Hace tiempo que he dejado de
pensar en el por qué de las cosas y sí, cada vez me doy más cuenta que los psiquiátricos
no sólo son habitados por gente loca, no, son habitados muchas veces por gente
que es demasiado sensible para esta vida. No son locos, sólo son demasiado débiles
y como ya se sabe sólo superan la prueba las más fuertes.
Sin embargo la vida trascurre y yo me subo a su tren, me
regalo momentos único e irrepetibles, me regala sorpresas en una calle del gótico,
me enseña que la luz no es igual al atardecer en gracia, me muestra que mis oídos
no están dormidos cuando suena un precioso violonchelo en el borne o que aun
hay gente que no conoces y te dedica una sonrisa en la rambla o que el mar en
otoño y mas en el Mediterráneo no huela a salitre.
La vida es bella y cruel.