Todos buscamos nuestro lugar en el mundo, a lo largo de los años vamos conociendo (si tenemos suerte) otros países, otras culturas, otros idiomas. Vemos cosas que deslumbran nuestros ojos, saboreamos nuevas comidas que llenan de alegría nuestro paladar, caminamos por lugares desconocidos como si antes ya hubiéramos estado alguna vez allí, olemos el polvo de la historia y nos dejamos envolver por la magia del país. Todos somos errantes, nómadas desde nuestros ancestros, buscamos la tierra prometida, donde sentirnos seguros. La vida pasa tan deprisa y hay tantos lugares por conocer, por ver, por aprender. Nos ponemos miles de metas, absurdas en definitiva, buscamos un trabajo, una casa, un coche, unos hijos, todo para seguir el ciclo de la vida, lo que está marcado pero ¿por quién? Por nosotros no. Las reglas están para saltarlas, para desobedecerlas y seguir el dictamen de nuestro corazón, lo que quiero decir es que si el universo esta en continuo movimiento y nosotros también ¿por qué detenernos solo en un especio concreto? ¿Por qué no recorrer el mundo?, seguro que encontramos un lugar destinado para nosotros, donde cabemos a la perfección y seamos felices. Todos nosotros tenemos un lugar en el cual debemos de estar puede ser que sea nuestro país o puede ser que este en el otro extremo del planeta pero no hay que preocuparse por saber cuál es, cuando estemos en ese lugar nuestro corazón nos lo dirá. El mundo es demasiado bello como para estar metido en casa viendo la televisón. Hay que moverse como una pluma en el viento arriba y abajo, surcar océanos y sonreír a cada puesta de sol esperando ver la que viene después. No nos detengamos, volemos alto, muy alto, como los cosmonautas que llegan a tocar las estrellas, no nos dejemos marchitar y viajemos a nuestro paraíso perdido. ¡Encontrémoslo!
