lunes, 11 de julio de 2011

no puedo evitar mirar atrás por si acaso regresas

Desde el día que ya no estamos juntos, desde aquella trágica noche, desde ese viaje infernal de vuelta al hogar, no he parado de llorar, ni un solo día, al principio pensé que sería algo momentáneo, que no duraría mucho en el tiempo ya que era la elección correcta para los dos. Así han pasado los días, las semanas y los meses y me he dado cuenta que no es un lloro normal, es una clase de lloro intermitente, decreciente y sobre todo nocturno. Lloro y lloro y mis ojos nunca parecen secarse. Siento tanto dolor y me siento tan sola. Se lo he intentado explicar a mi corazón que llorar no sirve de nada. Que no hará que cambie está situacion. Que por mucho que se resista y quiera guardar una esperanza ya no hay nada que hacer. Que no puedo seguir esperando y deseando cambiar las cosas porque las formas ya han tomado un rumbo diferente al esperado. Ya no puedo seguir en este estado de autodestrucción y consumición de mi cuerpo y alma. Ya estoy muerta en vida, ya estoy pagando todos mis errores, ya no tengo ojos, sino más bien, dos esferas hinchadas que apenas pueden ver junto a la nariz. He perdido la sonrisa. No tengo ganas de hablar y ya no puedo más. Ya no puedo seguir más.
Por lo menos me alegro que tu rumbo sea bueno.