Ya no me valen los rayos del sol de la primavera, las nubes gordas del cielo, el azul del mar en primavera, los acordes menores de mi mp3, el tener el amor cercano o lejano, ni a mi mejor amiga llamándome todos los días intentando animar a una muerta en vida, ni las fotografías que las veo tan lejanas que no las reconozco, ni me reconozco en ellas. Ya no me vale nada. Y entonces ya nada importa. Borro todo de mi vida y me dedico a fumar un cigarrillo tras otro. Y a buscar una y otra vez, una y otra vez, algo que me haga sonreír, pero por favor que dure más de 15 segundos. Ojalá.
Lo intenté mucho, de muchas maneras, incluso de formas impensables. De día, de noche, con ella, con él, con nadie, con drogas, sin ellas, con pastillas, sin ellas, con médicos, con mi madre, obligándome a sonreír, con mis pocos amigos, contigo... Y lo sigo intentando, mucho. Aunque cada mes que se va, me olvido un poco más de lo que era vivir. ¿Llegará un día que no lo recuerde?
Tengo miedo a quedarme así.