En las cosas de corazón uno no mando, no impone, no ordena, solo se deja llevar. La advertencia de que acabare haciéndote daño, era consecuencia del daño que yo iba a recibir. Así ha sido, daño mutuo y gratuito. Dos personas rotas, con los ojos vidriosos y una sensación de vacío interno que nada ni nadie la puede eliminar. Siempre hay uno que sale peor parado que el otro porque crea sueños, futuro conjunto y un sinfín de cosas que dejan de ser individuales para convertirse en comunes.
Ya no creo en el amor, ni sexo, ni creo en nadie, ni me creo a mí misma. Dejo de sentir, porque lo último que me queda de cada sentimiento que he tenido es la sensación de tristeza. La tristeza ocupa toda mi existencia. Tal vez hoy estoy demasiado triste para seguir escribiendo. No es un buen día y no creo que mejore a lo largo de la mañana.
Hoy no me salen las palabras, tengo un terrible nudo en la garganta y las manos me siguen con torpeza. Es mejor que vuelva cuando este mejor.