martes, 30 de noviembre de 2010

las cosas deben pasar


Ayer te vi con ella, yo iba por la otra acera, hacia frio, un frio intenso. Intente pasar desapercibida pidiendo  al cielo que por favor no me hubieses visto, comencé andar más deprisa, agache la cabeza pero tú me vistes y te paraste a saludarme. Mierda! Yo miope perdida y tú con esa vista de lince. Yo no sabía muy bien si hacerme la loca o acercarme a saludar. Al final le puse valor y me acerque a decirte “hola” ella se quedo con cara de indispuesta,(la que tiene desde el día en que me conoció… por muy falsa que sea, la cara es el espejo del alma) pues que se joda! Porque se lo merece, porque ya ha disfrutado mucho de ti y porque ayer aunque fuesen cinco minutos me tocaba a mi, aunque yo no sabía muy bien dónde debía de mirar.
Tú estabas tan amable, tan simpático, tan tú… como hacia tanto tiempo. Nos dimos dos besos, el olor de tu colonia me trajo a la mente mil recuerdos que tenia olvidados, ella no me apartaba los ojos de loba y yo la ignoraba lo mejor que podía. Fueron cinco minutos los más largos de mi vida. Estaba deseando verte, hablar contigo pero no con ella. Mis piernas, mis manos, todo mi cuerpo comenzó a temblar (eran nervios)… menos mal que hacia frio y me vino como excusa perfecta. Nuestra conversación no paso mas allá de lo cortes.
No me preguntaste por nada en especial, ni yo a ti. Ella te miro de forma inquisitiva, impaciente e incomoda… como siempre que era al revés y nos encontrábamos con ella por la calle…. Cómo cambian las cosas de un día para otro y al final nos despedimos con “hasta pronto” “cuídate” no mire hacia atrás,  solo pensaba en llegar lo antes posible al café de siempre, donde me esperaban mis amigas. Mi corazón latía con mis pasos. Me pare unos segundos al doblar la esquina. Respire profundamente y entonces vi que empezaban a caer copos de nieve.
Volví a retomar mi camino, con el paso más despacio y sonriendo levemente