viernes, 8 de octubre de 2010

él

Él estaba rodeado por una pared de ladrillos, una pared invisible para el mundo, para los ojos comunes. Una pared que él mismo había construido con esmero, con el paso de los años y según le destrozaban el corazón ponía un ladrillo más. La pared era tan alta como uno pueda llegar a imaginar.
Era tímido, fuerte y recio, era como una vieja y difusa figura de un vaquero solitario. Todos pensaban que le gustaba estar solo, porque era severo, disciplinado (gracias a su madre que le exigió un comportamiento tranquilo, acciones prácticas y seriedad en todos sus actos). Esto le arruino la vida. Estaba encadenado y condenado por la dura educación recibida. Pero en sus sueños más profundos, soñaba con la brisa que jugaba con su cabello… era un romántico incurable, el cual, secretamente se desvivía por los halagos, por las aventuras, el peligro y las emociones. Su corazón era cálido, tierno y buscaba desesperadamente que alguien le dijera que era bueno, inteligente, interesante… que le amaba pero ya no había posibilidad. Había dejado pasar todo lo bueno de la vida y se conformaba con poder llevar esa “cruz” tan pesada a base de bromas secas y retorcidas.
Al ver pasar a algunas mujeres, sus orejas se ponían rojas como tomates. Visitaba todos los martes a una señorita de la noche, era la más vieja y pizpireta de todas las “chicas” con las que compartía profesión. Para ella era como un libro abierto, no había trampa, ni cartón. Nadie le había enseñado a expresar sus afectos y había terminado siendo emocionalmente un muerto de hambre.
Una vez estuvo a punto de casarse, con una chica de familia bien. La noche antes de contraer matrimonio fue hacerla una visita, algo que él nunca había hecho y ella no le esperaba, no sabía de su presencia tras los cristales y él vio lo que necesitaba para darse cuenta que se había equivocado y sin perder más tiempo desapareció, sin darle una segunda oportunidad, sin derecho a replica . Él quedo como un chiflado por dejar a la novia el día antes de su boda pero él no conto a nadie nada de lo que vio a través los cristales. Dejo que todo el mundo pensase que él era un loco y ella una dulce mujercita… se reía por dentro pensando en el pobre que cayese en sus redes.
Desde entonces desencadeno un terrible miedo al futuro, preocupación por el presente y dolor por el pasado.
Ya no tiene metas, ni las buscas, ni las sueña… todo es en balde, no hay nada que sea eterno y tenga su sentido. Porque siempre que había soñado algo, se lo habían arrebatado, se lo habían estropeado y ahora ya no sabía hacer nada, ni para bien, ni para mal… lo único que él puede decir es que tiene la conciencia bien tranquila y que así le enseñaron en su familia.
Él seguirá dando vueltas y más vueltas, seguirá de pie, así estará toda la vida firme en sus convicciones.