lunes, 18 de octubre de 2010

cocinar


Cocino por tristeza.
Me voy al supermercado y compro verduras, frutas, hortalizas, queso, aceite, pescado, carne, café, vino, cerveza, chocolates, yogures, zumo, embutidos, cereales, congelados, leche… todo en grandes cantidades.
Pienso en ti en cada producto que voy eligiendo en las estanterías, voy de pasillo en pasillo, como si el carro de la compra me guiara de un punto a otro y yo me dejo llevar. Deambulo por el supermercado dando vueltas hasta que encuentro lo que busco, es como un acto involuntario, sigo tus pasos.
En la caja sonrío a la dependienta, me pregunta por ti y te manda saludos. Todo es extraño. No recuerdo el camino a casa. Ya estoy en la cocina, la radio como sonido de fondo. Estoy lavando y cortando  las verduras. Pongo las ollas al fuego, echo los ingredientes, los remuevo, pruebo la sal, pruebo la salsa, pruebo la textura  y mientras se cocinan a fuego lento me siento y espero. Miro la cocina, la estantería de las especies, las plantas en la ventana, el fregadero, el reloj de la pared con su continuo tic-tac, tic-tac… todo parece estar como siempre pero sin embargo sé que falta algo.
Cuando termino de cocinar preparo la mesa, ceno en el salón y  mientras veo una película. Estoy sola todo el día y me doy cuenta en ese momento que tengo hecha tanta comida que es imposible que la pueda comer  yo sola en una semana. Así que poco a poco voy llenando el congelador con miles de tappers llenos, uno de lentejas, otros de carne en salsa, otros de verduras a la plancha… abro la nevera y también está repleta. Ya no hay espacio. Pero todos los días voy al supermercado y compro.
He llenado tu vacio cocinando, cocino para ti y para mí pero multiplicado por cuatro, porque pienso que el día menos pensado abrirás la puerta y tu hambre y mi gusto por la cocina se volverán a encontrar y por fin estarán juntos. Por qué mira que es difícil pero no imposible. Y así van pasando los días en estas cuatro paredes. Yo seguire  cocinando, esperando que llegue ya la fecha de vernos, de abrazarnos, de besarnos, de pasear, de hablar, de nuestros pequeños rituales que tanto echo en falta, porque no hay peor cosa que perder esos pequeños actos que hacen que el día sea más agradable.
Así que ya puedes venir pronto...