miércoles, 29 de septiembre de 2010

esperanza


Todas las noches cuando se metía en la cama sentía frio. Al acostarse en ese colchón duro la piel se le ponía de gallina y se frotaba suavemente los pies. Las sabanas estaban demasiado frías, tan frías que parecían finas capas de hielo. Su posición favorita para dormir era la posición fetal, no sabía muy bien porque era la una posición con la cual podía dormir, en la cual se sentía segura, en la cual podía cerrar los ojos sin miedo a la oscuridad.
En el infinito silencio de la noche, había a veces y solo a veces que pensaba en esa persona tan especial que un día ella dejo escapar. Sus ojos se llenaban de lágrimas gordas, gordísimas que al recorrer sus calientes mejillas se evaporaban en un suspiro.
De pronto, se imaginaba que él estaba a su lado, que dormían abrazados, que se daban besos y caricias y el frio de las sabanas iba desapareciendo, aunque ella realmente no se movía. Todo era cuestión de imaginación y como todos sabemos la imaginación es tan poderosa como uno quiera.
En ese momento que ya comenzaba a soñar a olvidar el día y sus problemas, inconscientemente  movía suavemente su mano para acariciar al cuerpo imaginado y se encontraba con el terrible frio, duro como una piedra y abría los ojos asustada.
Más tarde, después de pensar en nada y suspirar tres veces se abrazaba a sí misma, se entrelázala las manos, se retorcía el cuerpo entero y ponía la almohada a su lado para hacer con ella un cuerpo invisible, inventado, un cuerpo de mentira… pero ya no funcionaba. Ya no podía dormir, ya tenía toda la noche en vela y esperaba, esperaba como el que espera un milagro que él apareciese a su lado. Que le despertará de esa pesadilla que se repetía noche tras noche y que ya apenas era capaz de recordar cuándo empezó. Porque ella aunque tenía el recuerdo de ser joven y bella por fuera. Solo en el oscuro rincón de su memoria permanecía la inocencia, la indomable juventud y sin embargo  poco a poco su cuerpo se iba marchitando, la piel se volvía de color tierra, aparecieron las manchas de las manos, la firmeza de los músculos desaparecía, la perdida de vista… solo ella se veía joven y hermosa. Esto era debido a que en un momento de su vida, tal vez el más duro elimino de su casa todos los espejos, tapo todo aquello que reflejara su imagen, se olvido de mirarse y paro su tiempo… tal vez demasiado pero era su único método de supervivencia a una tragedia inesperada e incomprendida.
A las mañanas cuando llega la mujer que la cuida, ella se deja hacer, la levantan con cuidado, la peinan, la lavan, la visten y la sientan en una silla frente a la ventana. Ella mira todos los días, no se mueve, haga frio, haga sol, llueva o nieve. Nunca habla con nadie porque, yo creo, y sólo lo creo yo, ya no tiene nada que decir al resto del mundo.
Y así, lentamente va pasando sus días, esperando lo imposible. Pero al mismo tiempo esperando que llegue lo inevitable para poder reunirse no sabe dónde, ni cuándo, ni cómo con esa persona, con él que sueña que duerme cada noche desde  no sabe cuándo.
Pero la esperanza no se pierde y si alguien sabe de esperanza es ella.
Porque ella se llama ESPERANZA!